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Fotografía: EL JARDÍN - Maria Camila Tobón Gaviria - Álbum 2012 Revela Colombia

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La Pola y las mujeres de Guaduas

La Pola y las mujeres de Guaduas

El relato de María, con un pausado acento, su conocimiento y amor por su pueblo, me lleva a imaginar a la pequeña Policarpa corriendo por el amplio patio de la casa o leyendo acuciosa sus libros, o tal vez ensillando los caballos, llevando el control de los asuntos familiares, indagando sobre la historia desde estas paredes. 

 

En el lugar vemos las réplicas de las acuarelas pintadas por Edward Mark, un diplomático británico de la época, en las que plasma la vida cotidiana de los inicios del pueblo. Su relato es tan conmovedor que me hace imaginar a este extranjero, en medio del tórrido trópico colombiano, con su lienzo y pinceles recreando cada lugar, cada personaje, cada costumbre de la pequeña y primitiva aldea. Comparo estas pinturas con lo que veo en la realidad y es como si cada acuarela tomara vida un par de siglos después. 

 

Al llegar al patio, donde se ubican una réplica de la cocina y otro monumento en piedra, se siente en el aire el aliento de esta luchadora, sobre todo al seguir la charla de mi acompañante: “ ’La Pola’ hizo parte de las fuerzas independentistas durante el periodo de la llamada ‘Patria Boba’ y murió fusilada durante la Reconquista española. Con tan solo 15 años participó en el grito de Independencia del 20 de julio de 1810. Era una experta en espionaje y colaboraba como conspiradora contra Pablo Morillo y el virrey Juan Sámano. Fue descubierta tras la captura de los hermanos Almeyda, quienes tenían en su poder documentos que la involucraban”. 

 

Volvemos al interior de la casa y sobre una de las viejas paredes leemos la copia de la Ley 44 de 1967 que estableció el 14 de noviembre –fecha del fusilamiento de Policarpa Salvarrieta– como el día de la mujer colombiana. Me estremecen las letras mayúsculas del anagrama, de autoría del oficial patriota Joaquín Monsalve: “Yace por salvar la Patria”. 

 

Conocer un poco más de la vida de esta mujer me hizo sentir orgullosa de ser colombiana. De regreso al hotel me prestan el libro ‘Viva la Pola’, de Beatriz Helena Robledo. Entre página y página, leo que “De una auxiliar de tercera clase en la resistencia, había pasado, a mediados de 1817, a ser figura central de este movimiento. Sus primeros pasos fueron husmear en las puertas de los cuarteles para enterarse de los movimientos militares. Para noviembre de 1817 tenía en sus manos las listas de todos los patriotas comprometidos…”. Me sumerjo en esta apasionante lectura con la promesa de que cuando vuelva a Bogotá exploraré más sobre la vida de esta heroína. 

 

Mujeres recias… herencia de ‘La Pola’ 

 

Al otro día, nuestra cita con María es temprano. Mientras desayunamos génovas, buñuelos, una que Alrededor del convento de la Soledad se fundó Guaduas 206 Pueblos Patrimonio de Colombia otra empanada guaduera y chocolate, mi guía me sorprende con otra historia de mujeres de enjundia: “en la Villa de Guaduas también vivió, por un tiempo, Manuelita Sáenz, la controvertida ‘Libertadora del Libertador’, quien al enterarse de la muerte de su amado Bolívar intentó suicidarse, para lo cual pidió una serpiente (que abundaban en Guaduas) para hacerse morder. Los habitantes del pueblo, al enterarse del hecho, acudieron en su ayuda y le dieron un extracto de zumo de las hojas del árbol de guaco (el cual conoceríamos al recorrer el Camino Real) con lo que evitaron el suicidio de la ‘amable loca’, como la llamó Bolívar”. 

 

Fuimos a conocer otro personaje de carácter: Nidia, una recia campesina de la vereda de Chipautá, quien ha liderado, junto a otras mujeres, un proyecto de recuperación y reforestación de la cuenca del río San Francisco, un lugar que antes de 1998 era solo una enorme montaña erosionada y ahora, gracias al grupo de mujeres que ella lidera, es refugio de propios y visitantes para la práctica del ecoturismo, fuente de vida para el municipio (las aguas provenientes de este lugar surten el acueducto) y sobre todo, motivo de orgullo de estas abnegadas mujeres que, además de las labores propias del hogar, entregaron su esfuerzo y dedicación a este noble proyecto. 

 

Esta historia me apasionó, por eso tomamos rumbo hacia la Reserva de Chipautá, en medio de la tímida neblina que empezaba a asomarse, los delgados rayos del sol, el vuelo de los loros y el canto de otras aves. Nidia me mostró, a lo largo de nuestro periplo, las especies nativas como la ‘madre de agua’ y el ‘pino colombiano’ que fueron el inicio de este proceso de restauración del espacio natural, y de sus propias vidas, pues esto significó obtener independencia económica y laboral. Nosotros recorremos este agreste camino deleitándonos con la variada vegetación, las abundantes, heladas y cristalinas corrientes de agua, el colorido de las flores, el aire puro, el canto de las aves (que volvieron). Como en un acto de magia, emergió la hermosa cascada del Cacique Chipautá –de 30 metros de caída–. Silencio y admiración profunda por estas mujeres que recuperaron la fuente de vida de los guadueros, el agua. (Hoy contabilizan 124 hectáreas restauradas y 140.000 árboles sembrados). 

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